Culiacán, Sinaloa.-Quirino Ordaz Coppel ganó la gubernatura de Sinaloa sin tener la más mínima estructura electoral. En realidad nunca la ha tenido, pero le han bastado sus excelentes relaciones con el poder central y, sobre todo, con el grupo Atlacomulco, el más influyente en términos de poder político y económico del país.

Fue desde el centro donde se decidió que fuera candidato a Diputado Federal por el Partido Verde y desde el centro que, en una meteórica como inusitada carrera, lo postulara el PRI como su candidato a gobernador sin tener en absoluto un antecedente partidista y, por lo mismo, sin que las bases del tricolor lo conocieran. Fue en realidad una verdadera proeza sacarlo adelante, ante una evidente rebelión que amenazaba con abortar su candidatura bajo la exigencia de un relevo.

Y en esta proeza tuvieron que participar, bajo una disciplina exigida y evaluada por el poder central, todas las corrientes del PRI y sobre todo el gobierno de Malova con toda la estructura de poder y con una fuerte corriente que hasta hoy encabeza Gerardo Vargas Landeros.

Para nadie es desconocido en el mundo de la política sinaloense, que  el Presidente Enrique Peña Nieto le pidió a Mario López Valdez todo el apoyo para Quirino porque se trataba de sacarlo a como diera lugar. Y así fue. Aunque hasta ahora exista entre ellos una distancia calificada de ingratitud.

Todos: El poderoso  Grupo Culiacán encabezado por Sergio Torres, Jesús Valdez y Aaron Rivas en el centro, el malovismo en el poder en el  sur y el norte; en todo el estado la fuerza de ENCIMA del Senador Daniel Amador, las estructuras de Rosa Elena Millán, Gloria Imelda Félix, la Senadora Diva Hadamira, Paola Gárate , Maribell Chollet, Irma Tirado, Magui Villaescusa, Elsy López, Fernanda Rivera y la alcaldesa de El Fuerte Nubia Ramos, además lo que lograron aportarle Jesús Vizcarra , Jesús Aguilar Padilla y Juan Millán.

El cierre de filas fue fundamental, pero también la estrategia que desde el gobierno del estado se aplicó para fracturar a la oposición y aportarle aún más al triunfo de Quirino.

Lo anterior tiene que ver con la idea absurda de algunos “asesores externos” del gobernador, de hacerle creer que ha llegado la hora del “quirinismo” y que en esa perspectiva estaría en Él, y nada más que en Él, elegir los candidatos a puestos de elección popular sin tomar en cuenta a quienes lo llevaron al poder y a quienes tuvieron que convencer a sus bases no solo para que no se rebelaran o se fueran apoyar a otro candidato, sino para que salieran a votar.

Lo que hasta ahora se sabe es que al interior del PRI, entre los alcaldes, diputados y funcionarios de la administración estatal, existe confusión, extrañeza, frustración y enojo por la conducta poco apropiada del gobernador para tratar el tema electoral y, sobren todo, para ofrecer reciprocidad a aquellos que se la jugaron con todo aportándole votos.

Le dicen sus consejeros al gobernador que “llegó sin compromisos” y eso no es cierto, porque  Quirino llegó con la fuerza de todos los grupos y todas las corrientes del PRI y ello lo obliga a ser recíproco.

También le mienten cuando le hablan que es el gobernador y que, como máximo poder, tiene que construir una corriente electoral que responda a sus intereses.

En primer lugar una corriente, un grupo de peso e influencia, no se construye de la noche a la mañana y, en segundo lugar, ya es demasiado tarde o no hay suficiente tiempo como para que Quirino Ordaz ande pensando en experimentos fuera de contexto.

La única posibilidad de que Quirino tenga un PRI competitivo en Sinaloa es haciendo alianza con quienes justamente lo llevaron al poder. Ni Peña Nieto, ni el poder central lo hizo ganar; ellos lo hicieron candidato que es distinto, pero las cabezas de las corrientes internas fueron las que convencieron a las bases para que votaran por un hasta entonces desconocido candidato.

En vez de que  a Quirino le entren las ideas de los queda bien, lo que debería hacer es reconstruir su relación con todos al interior del PRI para,  al menos, ante el descontento que vive el país por la forma de gobernar de Peña Nieto, mantener un nivel electoralmente competitivo.

Ya no es la misma. A estas alturas, Peña ni tiene la fuerza ni el poder para andar sometiendo a grupos locales. No se van a dejar. Pueden imponer, cierto, pero ya no someter y en consecuencia menos ganar.

Quirino Ordaz, por lo tanto, tendrá que escuchar al rumor de la historia y sus antecedentes, porque deberá pensar, antes que nada, en tener un Congreso Local de mayoría, en Senadores  y Diputados federales que lo apuntalen con el próximo poder de la república.

El próximo año Quirino entra a un segundo periodo normal  como gobernador que, sin el Congreso a su favor, puede convertirse en un gobernador de mero trámite. Así que fuera soberbia y sueños guajiros. La realidad es la que debe imponerse y, por supuesto, el respeto y  el tejido fino con quienes encabezan las corrientes del PRI y aportan los votos.

Comments

comments