Mazatlán, Sinaloa.-En enero del año pasado, el prestigiado medio británico  The Economist, publicó un editorial intitulado “The Mexican Morass” (El pantano mexicano), donde señalaba, en ese entonces, que Enrique Peña Nieto era un presidente “que no entiende que él no entiende”. El semanario británico fustigaba al Presidente Peña a propósito de los escándalos de la Casa Blanca, de Molinalco y del conflicto de intereses que aún mantiene con el Presidente del Grupo Higa, Juan Armando Hinojosa y con su compadre, Roberto San Román Dunne, quien le vendió una lujosa mansión en Ixtapa.

 

Para entonces ya había ocurrido lo de Ayotzinapa y los 43 estudiantes asesinados, y aunque el desastre de gobierno de Peña Nieto asomaba apenas su rostro, nadie, con todo eso, se imaginaba aún los muertos de Nochixtlán, la estrepitosa caída del precio del barril de petróleo, la devaluación del peso frente al dólar, el reculón infame del compromiso ante la nación de no sólo aumentar los precios de la gasolina y la electricidad sino de disminuirlos, los “Papeles de Panamá”, donde de nuevo sus empresarios favoritos mostraron lo miserable que son con el país y su protección para que sigan evadiendo impuestos; la derrota estrepitosa del PRI el pasado proceso electoral del 05 de junio; el desaire histórico y la burla de parte de los mandatarios de Estados Unidos y Canadá hacia el presidente en su gira por esos países; la protesta de los empresarios que obligó al Presidente y al PRI aprobar en su espíritu central la Ley 3 de 3, y, finalmente, el fracaso rotundo de la llamada Reforma Energética y la Reforma Educativa, esta última vapuleada y echada abajo por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, organización que aún sigue en las calles y en las carreteras operando bloqueos y plantones para doblegar aún más a Peña, a Osorio Chong y al joven Secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, cuyas aspiraciones presidenciales fueron sepultadas junto a las víctimas de Nochixtlán.

Y ante todo esto uno se pregunta si ¿Peña Nieto sigue siendo un presidente que no entiende que no entiende? O es ya, definitivamente, un presidente rehén de su primer círculo encabezado por el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, quien salió victorioso con su propuesta de llevar a la dirigencia nacional del PRI a un personaje que no solo no ha militado en ese partido, sino que por primera vez en la historia del tricolor, se nombre a un dirigente que nunca ha competido por un puesto de elección popular, lo que significa una verdadera aberración porque el espíritu central de un partido político es la competencia electoral, la lucha, a través de los comicios constitucionales, para representar al pueblo en las instancias de gobierno. En ese sentido, un verdadero dirigente es aquél que se ha sometido a la voluntad popular y, desde luego, ha triunfado.

 

De tener en Manlio Fabio Beltrones a un hombre de ideas militantes, de reflexión y debate, y de haber pasado por todos los puestos de elección popular con excepción de la candidatura presidencial, el Presidente Peña impone, con su índice más autoritario, a un dirigente cuya trayectoria y antecedentes, se convierte al final de cuentas en una burla para aquellos militantes que realmente desean transformar al PRI. Si alguien tiene responsabilidad en el fracaso de la llamada Reforma Energética, es precisamente Enrique Ochoa Reza, porque ciertamente no sólo fue él uno de los estrategas de este intento, sino que formó parte de la operación de la misma, tanto como subsecretario de hidrocarburos en la Secretaría de Energía, miembro del Consejo de Administración de Pemex y últimamente Director de la Comisión Federal de Electricidad. Es decir, al operar contra los mexicanos la mal llamada Reforma Energética, Enrique Ochoa Reza, se convirtió al mismo tiempo en uno de los responsables del fracaso electoral del PRI y del régimen peñista y, ahora, inexplicablemente para muchos mexicanos y priístas sensatos, es nombrado dirigente de ese partido. Una verdadera contradicción. No hay duda: La llegada de Ochoa Reza a la dirigencia del PRI abonará al desastre del régimen. Por eso la definición del Semanario Británico The Economist cobra más vigencia que nunca: Enrique Peña Nieto no entiende que no entiende.

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