Por Juan Odorica (@juanordorica)

 

Llegó el mes patrio, y con él, una oportunidad más de festejar a nuestro país… ¿Qué celebramos los mexicanos? ¿Qué define nuestro patriotismo? ¿Qué nos hace mexicanos? En pleno siglo XXI es difícil definir nuestra identidad patria.

 

Festejamos nuestra comida, música, bebida y algunos rasgos culturales en común, pero no entendemos nuestro origen y mucho menos queremos construir un destino en el cual todos quepamos.  Estamos más divididos que nunca; festejamos cosas diferentes. La idea de un país unido es una utopía. Somos felices con nuestro folclórico grito de guerra reconocido a nivel mundial “¡Viva México, Cabrones!”, pero no podemos descifrar la profundidad del mismo

 

Si algo define al mexicano moderno es la desmesura. Es muy común escuchar conversaciones que inician con las frases “México es el único país en el mundo…” “Únicamente en México ocurre…” La realidad es otra: México es un país con problemas bastantes comunes al de cientos de países del planeta: Corrupción, pobreza, ignorancia, marginación, etcétera. Nos sentimos cómodos en nuestro ostracismo. Hacemos muy poco por entender al mundo y hacemos todavía menos porque el mundo nos entienda a nosotros.

 

La desmesura del mexicano actual viene acompañada de una especie endémica de la familia del desprecio. Polarizamos a nuestros compatriotas y se nos va la vida en ello; si bien, este no es un elemento exclusivo de la mexicanidad, cuando se combina el desprecio con la desmesura tenemos una combinación nuclear. No tenemos claro qué festejar.

 

Es curioso ver que año con año los mexicanos salimos evaluados en los primeros lugares de los índices de felicidad respecto a otros países, pero, en las mismas encuestas, también podemos ver que los mexicanos somos de los pueblos que menos conocemos de otros países; es decir: somos felices porque no tenemos idea cómo se vive en otros lugares. Somos esclavos voluntarios de nuestro micro universo regional. No queremos saber de nadie más. Por eso terminamos argumentando que en México es el único país que las cosas pasan.

 

Sin duda, existen cientos de motivos para congratularnos con nuestra patria, gritar a garganta abierta nuestra algarabía por vivir en México, pero lejos estamos de estremecernos ante el rugido de los cañones y de los soldados en cada hijo. Los símbolos del pasado cada año se difuminan más. Las figuras del pasado deben inspirar; hoy nos dividen más. Las ideologías se refugiaron en el bronce de las estatuas.

 

Hay mucho que celebrar, pero poco por festejar. México no atina a ser mayor de edad. Las fiestas patrias se festejan como cualquier pretexto adolescente y desatar la juerga. El mundo nos espera. Llegó la hora de ser algo más que “Cabrones”. Es tiempo de encontrarnos como mexicanos.

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