COLUMNA: SOFISMAS DE OCASIÓN “LA NOCHE DE LOS COLCHONES MIADOS”

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Por: Juan B. Ordorica (@juanordorica)

Los vecinos de Santa Fe perdieron mucho. El agua se llevó su patrimonio y el gobierno intentó llevarse su dignidad. Horas antes, vehículos del DIF entregaban colchones para las decenas de familias afectadas semanas atrás por las inundaciones. Algo no olía bien. Los colchones apestaban. Tímidamente un par de vecinos decidieron romper las herméticas envolturas de plástico de aquellas dádivas del gobierno ¡No podían creer lo que estaba sucediendo!: Colchones rellenos de inmundicia, cartón, restos de orines y manchas de sangre. No lo dudaron. Sacaron aquellos andrajos a la calle y el resto de los vecinos hizo lo mismo.

La colonia que se hizo famosa en redes sociales por las imágenes de un automóvil arrastrado por la corriente en las inundaciones pasadas, de nueva cuenta era trending. Varias transmisiones en vivió de curiosos, prensa y afectados comenzaron aparecer en teléfonos celulares por todo Culiacán. Unos minutos después se presentó una mujer de gobierno implorando el perdón como si la vida se le fuera en ello. Y esa viciada costumbre de querer personificar el gobierno en la cara de un político parece que nunca terminará. La mujer con esa temblorosa voz que el miedo produce, no dejaba de mencionar al gobernador y lo que significaba ese error para él. ¿No entenderán que el gobierno es más que un nombre? El daño ya estaba hecho. La miseria humana volvió a aparecer sobre los más necesitados.

Los colchones miados son el síntoma de una enfermedad mayúscula. Las peores miserias humanas se esconden detrás del velo de la filantropía. El gobierno en su eterna búsqueda del aplauso fácil volvió a fallar. Al igual que los colchones, el gobierno esconde sus despojos en forros nuevos y brillantes. Toda la podredumbre de décadas de descuido sirve de relleno para los forros nuevos de la selfie y sus odiosos videos “ayuda al necesitado”.

También falló la sociedad. La corrupción miada quedó lavada por la dulce envoltura de la caridad. Aquél que se siente bien consigo mismo por medio de donaciones infectas no merece llamarse ser humano. El alma corrompida que diseñó esas trampas de basura para ofrecer un descanso confortable a los más necesitados está más allá de la salvación. Solo un miserable podría considerar que bolsas de basura en forma de colchón pueden ser consideradas caridad y filantropía.

Fue una noche estelar para las miserias. Aún, ante las catastróficas evidencias de tan denigrantes obsequios, algunos vecinos suplicaban que aquella situación no se supiera. El miedo se escuchaba en algunas declaraciones. No querían que la sociedad hablara mal del gobierno por temor a represalias. Una vez más la porquería buscaba esconderse y esconderse en envolturas nuevas.

Es tiempo que, como sociedad, dejemos de esconder nuestras miserias y revestirlas en cubiertas que parezcan aceptables. Lo hemos hecho durante décadas y, al igual que los vecinos de Santa Fe, tendremos nuestra noche de colchones miados más temprano que tarde.

 

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