SINALOA TIENE URGENCIA

Hace días entrevisté al gobernador Quirino Ordaz Coppel. Tocamos diversos temas como la violencia, el despido y renuncias de algunos funcionarios, la corrupción, la falta de recursos y, en consecuencia, los esfuerzos extraordinarios para enfrentar las prioridades de su administración. Ofreció algunas alternativas para avanzar en sus proyectos, pero también dejó ir claramente una sentencia: Los funcionarios que no puedan navegar en este barco mejor que se bajen, porque Sinaloa tiene urgencia.

Cierto, Sinaloa tiene urgencia y el gobierno de Quirino empieza a sentir ya el peso del tiempo. Faltan ya un mes para que se cumplan los primeros cien días de gobierno, ciclo que las administraciones modernas del mundo se marcan para evaluar la dinámica de su gestión, los ritmos, los tiempos y la efectividad de los programas prioritarios que finalmente se miden en resultados.

Sinaloa tiene urgencia, pero la violencia de todo género se desplaza a velocidad insuperable y los responsables de disminuirla o frenarla al menos, se llevan pidiendo tiempo. Es, a estas alturas, un alivio saber que los militares al frente de las instituciones de seguridad, en el estado y municipios, se fijaron tres meses para dar resultados y que les quedan veinte días para que cumplan su palabra de honor. Si los señores demuestran con hechos al pueblo de Sinaloa que sí pudieron, bien por todos. Pero si pasados los próximos veinte días la situación sigue igual o peor estarán obligados a honrar su palabra de militares e irse, antes de que Quirino los corra o que la sociedad sinaloense se los eche en cara a ellos y al gobernador.

Sinaloa tiene urgencia de que ya se nombre al Fiscal General del Estado, porque independientemente del recrudecimiento de la violencia, como nunca al inicio de un sexenio, en menos de tres meses ya van dos asesinatos de impacto sociopolítico que sin duda genera miedo y zozobra en las esferas de las corrientes políticas y sociales de Sinaloa y en las propias estructuras de gobierno. Hay en esta materia, sin duda, un enorme vacío que las fuerzas oscuras tratan de llenar, aprovechando las indecisiones y los tiempos lentos del gobierno. En la Procuraduría, ni se terminan de ir los que han estado, ni la han ocupado los que acaban de llegar.

El asesinato de Cristian Valdez López, Presidente del Módulo de Riego el Mavari en Ahome, y el de Enrique Mendívil Pérez, funcionario de la Delegación del IMSS en Sinaloa e hijo también del asesinado Enrique “Gallo” Mendivil, marcan las dos primeras muertes (y ojalá las últimas), con características de ajustes de cuentas de carácter sociopolíticas y, si este gobierno no da con los responsables, quedará la puerta abierta para que eventos de esta naturaleza le sigan marcando la agenda al nuevo gobierno, más aún cuando el proceso electoral se encuentra a la vuelta de la esquina.

Urge también el nombramiento del Auditor Superior del Estado, cuyo perfil deberá ser ajeno a las vísceras políticas porque eso también es alejarse de la justicia. Para luchar contra la corrupción es fundamental que la política partidaria y los odios del pasado sean sepultados para siempre y que sea el imperio de la ley el que se imponga, porque es la única manera de desterrar los privilegios y la impunidad. Es la única manera de hacerle justicia a la sociedad y que los gobiernos caminen en la condición del equilibrio para poder alcanzar, lo más pronto posible, el desarrollo y bienestar de los gobernados.

Sinaloa tiene urgencia sí, de un gobierno de resultados concretos y positivos a sus demandas de paz, seguridad, desarrollo económico, combate a la corrupción y a la impunidad, todo ello bajo una verdadera participación ciudadana.

Sinaloa pues, tiene urgencia y, aparte de todo, el tiempo se le está convirtiendo al nuevo gobierno en una verdadera traba. Los días pasan rápidos; los avances lentos.

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