Mazatlán, Sinaloa.-“Con el Jesús en la boca”, literalmente, así vivimos, con miedo, expuestos, en un ambiente de violencia, entre ráfagas que pueden alcanzarnos, que pueden cegar nuestra vida o la de los seres que amamos, la vida de nuestros vecinos, la de nuestros compañeros.

Violencia que aumenta, frecuencia que asusta, noticias de todos los días, guerras que dejan huellas de sangre, en las memorias de niños y adultos que enfrentan la circunstancia en un día cualquiera, común, en familia, entre amigos, y de repente el caos.

¿Qué ha pasado para que estas conductas se hagan cada vez más tolerables?, ¿es una cultura en la zona?, ¿es parte de la personalidad del estado?, ¿cuándo nos perdimos y quedamos solo observando este modus vivendi?.

Sinaloa se ha caracterizado desde ya hace muchos años por ser cuna de carteles, eso no es un secreto, solemos escuchar noticias que involucran a grupos diversos,  también es común oír de guerras entre bandos, ajustes de cuentas, venganzas, luchas por control de las llamadas plazas etc.

Nuestros ojos constantemente son testigos del tránsito de cuerpos de seguridad, soldados y elementos policiacos portando armas y dirigiéndose quizá a su último destino.

Antes las redes no existían, no circulaba tan rápido la información de cualquier acontecimiento, ahora en segundos nos enteramos de que paso aquí y que paso allá.

Hasta alertas recibimos cuando se observan movimientos que podrían significar peligro entre ciudadanos.

Una buena contribución de esta euforia que el internet y los celulares han traído, con la inmediatez de la comunicación y el intercambio de información e imágenes que hablan por sí solas, y que aunque a veces puede no ser información fidedigna, otras es  clave en la prevención.

Quizá antes la percepción del problema no era la correcta, las noticias no lo decían todo.

Quizá  las “guerras” de poder entre estos protagonistas se daban lejos, no en plenas ciudades, a la luz del día, frente a ciudadanos comunes y corrientes como usted y como yo, que en un desafortunado coincidir podríamos enfrentar realidades peores que nuestras más grandes pesadillas.

Quizá estamos más deshumanizados, oímos y vemos sobre  hechos sangrientos, crueles, practicas atroces, que nos erizan la piel, pero que tomamos como si fuera una película, una serie de las muchas que reflejan las prácticas y exaltan las figuras y que han proliferado en los últimos tiempos, generando hasta fans, para actores y originales que inspiran los personajes.

Gobiernos rebasados, autoridades limitadas, cuerpos policiacos que con temor enfrentan su responsabilidad esperando lo peor, sin saber si ese nuevo día será su último.

Zozobra constante en un Sinaloa que debería  ser proyectado por otros atributos, de los muchos que tiene: Mar, campo, cultura, historia, artesanía, gastronomía, calidez de su gente.

Pero que tristemente la proyección mayor parecería ser la droga, la muerte, el peligro.

Aunque afortunadamente no somos un País de guerra, si enfrentamos una guerra interna, y como Estado, igual que otros muchos en la Republica, vivimos entre los sonidos de la muerte y el olor a pólvora.

“Con el Jesús en la boca”, literalmente.

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